Deja, pues, que la vida te señale las cosas.
No hay más cera que aquella
que arde en una iglesia
y, al final, es un niño el que todo lo sabe.
No hay palabras mejores que las que no dijimos,
ni hay amor más eterno
que el que dura una noche.
Y los besos más dulces son los que imaginamos.
De todas las caricias, sólo valen aquellas
que quisimos dejar
en los cuerpos ajenos.
Y la mejor promesa es la que no cumplimos.
Por eso, tal vez sea necesario que salgas
cada día a la calle sin nada en los bolsillos
de los trajes del alma.
Es remedio sencillo
para evitar el robo de la última esperanza
Rodolfo Serrano
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