Nadie nos dijo nunca que la vida es difícil.
Que hemos de aprender a vivir con el miedo.
Y que el mundo es el sueño de un viejo dios loco.
Por eso cada día es empezar de nuevo.
Escribir viejas cartas sin remite y destino.
Buscar la geografía del cuerpo del pecado.
Por eso cada noche nos persigue el fracaso.
Y dejamos palabras tiradas por los suelos.
Y cada beso es siempre el primero que dimos.
Porque nunca supimos que la vida es un paso,
relámpago fugaz hacia ninguna parte,
busco la eternidad en tu cuerpo esta noche.
Luego, duermo sabiendo que mañana la vida
será otra vez difícil y cansada. Instante pleno
para buscar tu nombre, mi única esperanza.
Rodolfo Serrano
Deja, pues, que la vida te señale las cosas.
No hay más cera que aquella
que arde en una iglesia
y, al final, es un niño el que todo lo sabe.
No hay palabras mejores que las que no dijimos,
ni hay amor más eterno
que el que dura una noche.
Y los besos más dulces son los que imaginamos.
De todas las caricias, sólo valen aquellas
que quisimos dejar
en los cuerpos ajenos.
Y la mejor promesa es la que no cumplimos.
Por eso, tal vez sea necesario que salgas
cada día a la calle sin nada en los bolsillos
de los trajes del alma.
Es remedio sencillo
para evitar el robo de la última esperanza
Rodolfo Serrano
No hay más cera que aquella
que arde en una iglesia
y, al final, es un niño el que todo lo sabe.
No hay palabras mejores que las que no dijimos,
ni hay amor más eterno
que el que dura una noche.
Y los besos más dulces son los que imaginamos.
De todas las caricias, sólo valen aquellas
que quisimos dejar
en los cuerpos ajenos.
Y la mejor promesa es la que no cumplimos.
Por eso, tal vez sea necesario que salgas
cada día a la calle sin nada en los bolsillos
de los trajes del alma.
Es remedio sencillo
para evitar el robo de la última esperanza
Rodolfo Serrano
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